miércoles, 30 de marzo de 2016

¿Qué cadenas me pongo hoy?

Canción: Primavera - Ludovico Einaudi


¿Ya es la hora? que rápido pasa el tiempo... lo mejor será que me arregle, pero... ¿qué me pongo hoy? Una riñonera, pantalón a rayas y un par de rastas me darían un look muy inconformista, aunque por otro lado... esa camisa de cuadros con unos pitillos y una barbita bien arreglada dicen mucho de mi. Pero... la camiseta negra de mi grupo favorito sin mangas, unas mallas y un par de pulseras de pinchos dejarían claro mi odio hacia esta sociedad y todo lo que representa, a fin de cuentas no somos más que la imagen que dejamos ver de nosotros, ¿o no? Sea como sea, hoy me vestiré, pensaré y viviré conforme a mis propias ideas ¿¡Qué también son las tuyas!? vaya, ¡Qué casualidad! ¿no?

El ser humano, un ser paradójico desde el momento de su nacimiento hasta el instante de su última exhalación. Vivimos en un mundo seccionado, fragmentado y estipulado, un mundo que ha sido clasificado, subdividido y agrupado hasta sus últimas instancias, pero a fin de cuentas... ¿no es eso lo que hacemos día a día? dividir, clasificar, agrupar y etiquetar. Porque todo debe formar parte de una idea, todo debe sostenerse bajo un estandarte, para que de este modo, todo lo que se aleje lo más mínimo de dicho marco ideal quede automáticamente descartado.

No obstante, y muy al contrario de lo que pueda parecer, mi reflexión de hoy no va a hacer referencia a como la población se deja llevar por un pensamiento concreto y colectivo en su mayoría. No, ya hemos hablado de mayoría muchas veces, hoy hablaremos de las minorías, de los sectores aislados, de los repudiados que pretenden vivir su vida al margen de las ideas preestablecidas, de los estándares marcados, de cada marco de comportamiento, hoy vamos a hablar de aquellos que rompen sus cadenas... para finalmente, ponerse otras diferentes.

Sumidos en una falsa idea de libertad, en una idea de ruptura, conformes a un sentimiento de desplazamiento que les impide identificarse con el colectivo más general, se sumen en un mar de resentimiento que finalmente les hace resurgir como una imagen marginal, una imagen desviada. Pero ¿Quién es el hippie hoy? ¿Quién el Punky? ¿Quién el heavy? ¿Quién son realmente? Colectivos, etiquetas autoimpuestas, imágenes prediseñadas y vendidas al por mayor para desgracia de nuestra propia ignorancia. Huis de un mundo al que consideráis clónico para finalmente ensalzaros en la vergüenza de vuestra propia imagen colectiva. La individualidad vendida en post de un pensamiento marginal. ¿Quién os enseñó que para amar la naturaleza debíais vestir de un modo concreto, o que para escuchar un cierto tipo de música vuestro pelo debía lucir de una cierta forma? ¿Quién os enseñó que vuestra ideología política dependía de la ropa que llevéis y que vuestros sueños y anhelos de las cadenas que hoy os habéis decidido poner?

La capacidad crítica vendida a cambio de un nuevo estandarte bajo el que ocultaros en esta tormenta de imágenes despiadada a la que nos sometemos. Ignorantes ausentes del más mínimo sentido del "yo", de la más endeble significación de la autostrucción, ¿tan triste consideración tienes de ti mismo que no eres ni capaz de crear un yo genuino que no atienda a estandartes ni ideas preestablecidas? ¿Tan fuertes son tus nuevas cadenas que no ves que al huir de las que ya te oprimían has acabado inmovilizado en tu falsa idea de libertad?  No sois vuestra ropa, no sois la música que escucháis, ni sois el partido al que votáis, no sois los bares que frecuentáis, tampoco sois vuestro equipo de fútbol, ni la carrera que estudiáis, no sois la profesión que desarrolláis, ni las personas con las que os juntáis... sois vosotros, solo y únicamente vosotros, vuestras ideas, vuestras decisiones, vuestros sueños, vuestros anhelos, vuestros miedos... y nada ni nadie debería jamás determinaros, porque no hay pantalón, canción o idea que pueda definir a un ser humano en su totalidad.

Hoy caminas sobre el filo de mi mente, pero ten cuidado, te puedes cortar.

César Velázquez.



miércoles, 23 de marzo de 2016

"Todos ven lo que tú aparentas, pocos advierten lo que eres"


Canción: Faraway - Apocalyptica

Hoy, un día como cualquier otro, te levantas de la cama y observas tu Smartphone, actualizas tu perfil de Facebook con las fotos de la noche de fiesta anterior con tus amigos, no fue una gran noche, más bien una bastante mediocre, pero tus fotos no dicen lo mismo. Tras esto estaría bien compartir un par de imágenes que hagan referencia a temas de actualidad, solidaridad con los refugiados, unas palabras por el atentado ocurrido. Cierras los ojos, tienes sueño, descansa una hora más antes de continuar tu jornada. ¡Vaya!, ¿ya es de día?, es la hora de comer y aún no he retocado mi foto de ayer para subirla a Instragram, también debo compartido un par de twits solidarios, lo mejor será ponerse manos a la obra, el tiempo se nos echa encima y aún queda mucho por aparentar. 

¿Aún podemos recordar lo que era vivir para nosotros mismos? Esclavos voluntarios de una era donde el yo queda relegado a un tercer plano, miserables dependientes de atención virtual, de palabras vacías, alaridos que reclaman atención en silencio mientras nuestra sonrisa desborda complicidad al ver cómo los "me gusta" de nuestra última actualización superan las cifras estimadas para esta semana. Moral, política e incluso nuestra propia vida vendidas al mejor postor a cambio de una satisfactoria imagen de un "yo" tan ajeno a nosotros mismos, que si por un segundo consiguiéramos abandonar nuestra complaciente posición y mirar en retrospectiva, sentiríamos repugnancia de aquello en lo que nos hemos convertido.    

Hobbes habló del hombre como el actor que asume su posición y rol para la supervivencia en el Estado, pero... ¿Qué fue de ese hombre? ¿Eres quien realmente quieres ser o sencillamente eres quien quieres ser para los demás? Somos la más pervertida vejación de la autonomía moral, hemos construido un submundo que en lugar de ayudarnos a crear un yo puro, limpio y del que sentirnos orgullosos, nos hemos pervertido, corrompido y desgastado hasta el olvido de nuestro propio ser... si es que algún día lo tuvimos. Miramos al mundo con unos ojos temblorosos, nos escondemos tras una pantalla y creamos una imagen, para después y tras una falsa idea de anonimato sacar nuestros más oscuros deseos en un peligroso mundo llamado Internet.

Tenemos ante nosotros la herramienta más poderosa jamás creada por el hombre e inconscientes de nosotros mismos, la hemos convertido en una insaciable necesidad de autosustento y aprobación colectiva. Atrofiamos no solo nuestra propia mente a través de una inteligencia generalizada y multitudinaria, sino también nuestra propia moralidad sumiéndonos en un falso "yo" que se autocomplace con una pseudosolidaridad. Es la era de la información, el pueblo posee un poder mayor del que ha poseído en toda su historia, ¡el poder de la ideas, el poder de cambiar las cosas, el poder de hacerse escuchar, de acallar las mentiras, de reivindicar que hoy estamos aquí, que existimos, que esta es nuestra vida y que queremos un mundo mejor! Y sin embargo... nos hemos convertido en esclavos de una imagen que nosotros mismos hemos creado.

"Todos ven lo que tú aparentas, pocos advierten lo que eres" - Nicolás Maquiavelo     

Hoy mis palabras son palabras de decepción, decepción al ver cómo el mundo gira y tan solo miramos impasibles desde nuestra privilegiada posición de observadores, del falso compromiso social que desbordamos todos y cada uno, de la ausencia de acciones reales, de manifestaciones vacías, de cabezas que se agachan ante la injusticia y se alzan ante su pantalla, hoy mis palabras son palabras de decepción, decepción ante una raza que se creía superior y día a día demuestra que la superioridad no se mide por el tamaño de nuestro cerebro, sino por nuestra capacidad de crear un mundo mejor para todos, algo que hoy por hoy, no hemos conseguido hacer. 

Hoy caminas sobre el filo de mi mente, pero ten cuidado, te puedes cortar. 

César Velázquez.


martes, 16 de febrero de 2016

Sociedad Red ¿Libertad o sumisión?



[Internet] es mucho más que una tecnología. Es un medio de comunicación, de interacción y de organización social.
Manuel Castells



Ludovico Einaudi "Life"

Wikileaks, Aaron swartz, Anonimus... el acceso a la información es sin lugar a dudas una de las principales preocupaciones sociales de nuestro tiempo, y no debería ser menos. Vivimos en una de las mayores etapas de cambio de la historia, la era de la información, la era del libre transito informativo, del acceso ilimitado a fuentes de información infinitas, la era de la interconexión global inmediata. Pero... ¿Estamos realmente preparados para este sobreexceso de información?
Nos encontramos en la biblioteca del famoso British museum de Londres, donde el joven Karl Marx daba sus últimos retoques a lo que posteriormente sería su obra cumbre. No fue hasta 1867 cuando finalmente se publicara El Capital, una maravillosa exposición del funcionamiento de la sociedad a través del pensamiento filosófico materialista. Marx nos detallaba en esta obra como la sociedad se rige por un complejo sistema de estructuración piramidal, un sistema donde este "capital" se situaba en el punto más alto de nuestra pirámide y desde ahí dirigía cada movimiento del sistema, capital era sinónimo de poder. ¿Cómo ha cambiado nuestra sociedad desde entonces?
No fue hasta 2001 cuando el jovencísimo Pekka Himanem (El hombre con nombre de mancha en la piel) decidió escribir Etica Hacker, donde entre muchos datos interesantes detonaba en nuestro mente una nueva idea de poder, el poder como información. La información es sin lugar a dudas la pepita dorada del siglo XXI, nuestro dorado Byte. Lo curioso vendrá de la mano de un querido filósofo catalán, este no es otro que Manuel Castells. En su obra Comunicación y poder, nuestro filósofo catalán hablaba aquí de una nueva estructuración social, un cambio en la ya tan remarcada estructura piramidal Marxista, ¿Y a qué estructura nos estamos refiriendo? Por supuesto no es otra que una estructura de red, una estructura reticular.  

 

VS




Esta nueva estructura ya no mueve información de arriba a abajo, sino que interconexiona, enlaza y mueve cantidades ingentes de información en cuestión de segundos en infinitas direcciones. Es nuevo sistema de comunicación social que permite una nueva reestructuración empresarial, educativa, y por supuesto, de poder. Pero... ¿quién posee el poder en este sistema? por supuesto, y obviamente no podría ser de otra manera, aquel que posee una mayor cantidad de información veraz. 
Llegados a este punto nos encontramos ante un dilema, poseemos un nuevo sistema, un sistema que permite a cualquier ciudadano, aún en ausencia de un poder real, hacer llegar sus ideas de punta a punta del mundo sin problemática alguna. Países cuya libertad de expresión había sido destruida por completo mueven auténticos submundos informativos gracias a la red, ideas y más ideas que se arremolinan tratando de hacer de este mundo, entre todos... un mundo mejor. Pero... y he aquí el dilema...  ¿Y si dicha idea es un virus? un virus que se extiende lentamente entre cada uno de nosotros, que arremete y siembra el desconcierto, el temor... Permitidme por un segundo dudar de la bondad humana, de la información que diariamente movemos, si no queréis creerme, tan solo abrid vuestro facebook, twiter, o cualquier red social, buscad noticias, novedades, y en su mayoría encontrareis difamaciones, críticas, ignorancia. Vivimos sometidos a un poder informativo que no controlamos, un sobreexceso de información para el que no hemos sido educados y aquellos que realmente poseen la información lo saben y nos bombardean diariamente con esto a lo que cariñosamente he denominado "virus". 
Las ideas poseen un poder que sobrepasa al de cualquier ser humano, las ideas son inmortales, destruyen y crean, hacen sufrir, y hacen reír. Hoy tu idea puede viajar como tu jamás lo harás, llegar a lugares que desconoces e impregnar de ella a cada ser que toque... hoy tu idea puede hacer de este mundo un lugar mejor. Hoy tu decides... ¿libertad o sumisión? 
César V. 

miércoles, 10 de febrero de 2016

Fragilidad




Ara Malikian: "Dzovarev"


Cuenta la leyenda que en cierta ocasión alguien preguntó a Galileo:
- ¿Qué edad tiene su señoría?
A lo que Galileo contestó
- Ocho o diez.
La evidente barba blanca del maestro marcaba un innegable problemática ante dicha respuesta, por lo que se vio en la obligación de precisar.
- Tengo, en efecto, los años que me quedan de vida, los vividos ya no los tengo, como no se tienen las monedas que se han gastado.

Ajenos al transcurso del tiempo nos sumimos en nuestra propia desesperación, ahorcamos los segundos en nuestro mundano vagar por una realidad que cada vez toma una apariencia más virtual. Sucumbimos a nuestro propio ego y saciamos un voraz apetito en la incertidumbre del ayer y el mañana.  

¿Y quién puede permitirse hoy ese tan lejano "Carpe Diem" que nuestro ya difunto Robin nos hizo llegar a generaciones y generaciones en aquel Club de los poetas muertos? ¿quién puede hoy vivir ese momento, ese presente? Vivimos sumidos en el continuo proceso de adaptación que nosotros mismos hemos generado. Enjaulados en nuestro propio sistema con el que tan solo podremos lograr una completa adaptación tras una vida de sumisión. ¿Dónde está mi vida? ¿Cuál es mi presente? 

Pero no es de extrañar, somo dioses, dioses inmortales que han conquistado su propio mundo, dioses ajenos al conocimiento de su propia fragilidad, una fragilidad enraizada al más profundo temor humano, su propia muerte. En "Sobre la brevedad de la vida" Séneca nos incitaba a calcular el tiempo de nuestra vida que realmente nos pertenecía:

"llama a cuentas a tu existencia; computa qué porción de este tiempo se te llevó el acreedor; qué porción la amiga, qué porción el rey, qué porción el cliente, qué porción tomaron las charlas con tu mujer, qué parte la corrección de los esclavos, qué parte las caminatas por la ciudad en cumplimiento de los deberes de la cortesanía; añade a esta suma las enfermedades que tú mismo provocaste; añade el tiempo que sin provecho discurrió, y verás cómo tienes más pocos años de los que cuentas"

Cada camino, cada decisión, cada instante será único, somos el frágil resultado de una grandeza efímera que llegado el momento, sucumbirá. Somos la imagen que nunca podremos llegar a ser, el sentimiento colectivo que se desgrana virtualmente, y que sin embargo, sigue sin ser nada. Somos, como decía Sartre, la nada, una nada que toma forma a cada paso, que se transforma y direcciona, una nada que quiere ser. Asumimos la angustia ante cada paso, viviendo en la incertidumbre de si este será el adecuado, pero es aquí y no en otro lugar donde comenzamos a vivir, a formar un yo, un yo intimo que no responde a nadie más que a mi, un yo que me designa, me construye y me realiza.

Esta es tu vida, tu presente, el regalo que te ha sido concedido, no existe otra oportunidad, no existe otro instante, eres frágil, eres débil y sin embargo, desperdicias cada soplo de aire. Miras a tu alrededor esperando una respuesta que no llegará y juzgas tu propio ser con el resto, limitas tus posibilidades e ignoras todo aquello que realmente te importa en pos de lo que al resto le podría importar. Te escandalizas como el resto, quieres ser uno más... y así, una vez más, te destruyes. 

"Nadie restituirá los años, nadie te los devolverá. Seguirá su camino la edad y no modificará su dirección ni atajará su andadura; ningún ruido hará, ni te dará aviso de su velocidad; avanzará con pies de fieltro. Ni mandato real ni favor del pueblo pondrán su meta más lejos; correrá con la misma prisa con que el primer día se lanzó a la carrera; no se equivocará, no se detendrá. ¿Qué pasará? Que tú estarás descuidado y la vida se apresurará y luego se presentará la muerte a cuyo poder, lo quieras o no, serás entregado".


César V.