martes, 16 de febrero de 2016

Sociedad Red ¿Libertad o sumisión?



[Internet] es mucho más que una tecnología. Es un medio de comunicación, de interacción y de organización social.
Manuel Castells



Ludovico Einaudi "Life"

Wikileaks, Aaron swartz, Anonimus... el acceso a la información es sin lugar a dudas una de las principales preocupaciones sociales de nuestro tiempo, y no debería ser menos. Vivimos en una de las mayores etapas de cambio de la historia, la era de la información, la era del libre transito informativo, del acceso ilimitado a fuentes de información infinitas, la era de la interconexión global inmediata. Pero... ¿Estamos realmente preparados para este sobreexceso de información?
Nos encontramos en la biblioteca del famoso British museum de Londres, donde el joven Karl Marx daba sus últimos retoques a lo que posteriormente sería su obra cumbre. No fue hasta 1867 cuando finalmente se publicara El Capital, una maravillosa exposición del funcionamiento de la sociedad a través del pensamiento filosófico materialista. Marx nos detallaba en esta obra como la sociedad se rige por un complejo sistema de estructuración piramidal, un sistema donde este "capital" se situaba en el punto más alto de nuestra pirámide y desde ahí dirigía cada movimiento del sistema, capital era sinónimo de poder. ¿Cómo ha cambiado nuestra sociedad desde entonces?
No fue hasta 2001 cuando el jovencísimo Pekka Himanem (El hombre con nombre de mancha en la piel) decidió escribir Etica Hacker, donde entre muchos datos interesantes detonaba en nuestro mente una nueva idea de poder, el poder como información. La información es sin lugar a dudas la pepita dorada del siglo XXI, nuestro dorado Byte. Lo curioso vendrá de la mano de un querido filósofo catalán, este no es otro que Manuel Castells. En su obra Comunicación y poder, nuestro filósofo catalán hablaba aquí de una nueva estructuración social, un cambio en la ya tan remarcada estructura piramidal Marxista, ¿Y a qué estructura nos estamos refiriendo? Por supuesto no es otra que una estructura de red, una estructura reticular.  

 

VS




Esta nueva estructura ya no mueve información de arriba a abajo, sino que interconexiona, enlaza y mueve cantidades ingentes de información en cuestión de segundos en infinitas direcciones. Es nuevo sistema de comunicación social que permite una nueva reestructuración empresarial, educativa, y por supuesto, de poder. Pero... ¿quién posee el poder en este sistema? por supuesto, y obviamente no podría ser de otra manera, aquel que posee una mayor cantidad de información veraz. 
Llegados a este punto nos encontramos ante un dilema, poseemos un nuevo sistema, un sistema que permite a cualquier ciudadano, aún en ausencia de un poder real, hacer llegar sus ideas de punta a punta del mundo sin problemática alguna. Países cuya libertad de expresión había sido destruida por completo mueven auténticos submundos informativos gracias a la red, ideas y más ideas que se arremolinan tratando de hacer de este mundo, entre todos... un mundo mejor. Pero... y he aquí el dilema...  ¿Y si dicha idea es un virus? un virus que se extiende lentamente entre cada uno de nosotros, que arremete y siembra el desconcierto, el temor... Permitidme por un segundo dudar de la bondad humana, de la información que diariamente movemos, si no queréis creerme, tan solo abrid vuestro facebook, twiter, o cualquier red social, buscad noticias, novedades, y en su mayoría encontrareis difamaciones, críticas, ignorancia. Vivimos sometidos a un poder informativo que no controlamos, un sobreexceso de información para el que no hemos sido educados y aquellos que realmente poseen la información lo saben y nos bombardean diariamente con esto a lo que cariñosamente he denominado "virus". 
Las ideas poseen un poder que sobrepasa al de cualquier ser humano, las ideas son inmortales, destruyen y crean, hacen sufrir, y hacen reír. Hoy tu idea puede viajar como tu jamás lo harás, llegar a lugares que desconoces e impregnar de ella a cada ser que toque... hoy tu idea puede hacer de este mundo un lugar mejor. Hoy tu decides... ¿libertad o sumisión? 
César V. 

miércoles, 10 de febrero de 2016

Fragilidad




Ara Malikian: "Dzovarev"


Cuenta la leyenda que en cierta ocasión alguien preguntó a Galileo:
- ¿Qué edad tiene su señoría?
A lo que Galileo contestó
- Ocho o diez.
La evidente barba blanca del maestro marcaba un innegable problemática ante dicha respuesta, por lo que se vio en la obligación de precisar.
- Tengo, en efecto, los años que me quedan de vida, los vividos ya no los tengo, como no se tienen las monedas que se han gastado.

Ajenos al transcurso del tiempo nos sumimos en nuestra propia desesperación, ahorcamos los segundos en nuestro mundano vagar por una realidad que cada vez toma una apariencia más virtual. Sucumbimos a nuestro propio ego y saciamos un voraz apetito en la incertidumbre del ayer y el mañana.  

¿Y quién puede permitirse hoy ese tan lejano "Carpe Diem" que nuestro ya difunto Robin nos hizo llegar a generaciones y generaciones en aquel Club de los poetas muertos? ¿quién puede hoy vivir ese momento, ese presente? Vivimos sumidos en el continuo proceso de adaptación que nosotros mismos hemos generado. Enjaulados en nuestro propio sistema con el que tan solo podremos lograr una completa adaptación tras una vida de sumisión. ¿Dónde está mi vida? ¿Cuál es mi presente? 

Pero no es de extrañar, somo dioses, dioses inmortales que han conquistado su propio mundo, dioses ajenos al conocimiento de su propia fragilidad, una fragilidad enraizada al más profundo temor humano, su propia muerte. En "Sobre la brevedad de la vida" Séneca nos incitaba a calcular el tiempo de nuestra vida que realmente nos pertenecía:

"llama a cuentas a tu existencia; computa qué porción de este tiempo se te llevó el acreedor; qué porción la amiga, qué porción el rey, qué porción el cliente, qué porción tomaron las charlas con tu mujer, qué parte la corrección de los esclavos, qué parte las caminatas por la ciudad en cumplimiento de los deberes de la cortesanía; añade a esta suma las enfermedades que tú mismo provocaste; añade el tiempo que sin provecho discurrió, y verás cómo tienes más pocos años de los que cuentas"

Cada camino, cada decisión, cada instante será único, somos el frágil resultado de una grandeza efímera que llegado el momento, sucumbirá. Somos la imagen que nunca podremos llegar a ser, el sentimiento colectivo que se desgrana virtualmente, y que sin embargo, sigue sin ser nada. Somos, como decía Sartre, la nada, una nada que toma forma a cada paso, que se transforma y direcciona, una nada que quiere ser. Asumimos la angustia ante cada paso, viviendo en la incertidumbre de si este será el adecuado, pero es aquí y no en otro lugar donde comenzamos a vivir, a formar un yo, un yo intimo que no responde a nadie más que a mi, un yo que me designa, me construye y me realiza.

Esta es tu vida, tu presente, el regalo que te ha sido concedido, no existe otra oportunidad, no existe otro instante, eres frágil, eres débil y sin embargo, desperdicias cada soplo de aire. Miras a tu alrededor esperando una respuesta que no llegará y juzgas tu propio ser con el resto, limitas tus posibilidades e ignoras todo aquello que realmente te importa en pos de lo que al resto le podría importar. Te escandalizas como el resto, quieres ser uno más... y así, una vez más, te destruyes. 

"Nadie restituirá los años, nadie te los devolverá. Seguirá su camino la edad y no modificará su dirección ni atajará su andadura; ningún ruido hará, ni te dará aviso de su velocidad; avanzará con pies de fieltro. Ni mandato real ni favor del pueblo pondrán su meta más lejos; correrá con la misma prisa con que el primer día se lanzó a la carrera; no se equivocará, no se detendrá. ¿Qué pasará? Que tú estarás descuidado y la vida se apresurará y luego se presentará la muerte a cuyo poder, lo quieras o no, serás entregado".


César V.