Canción: Faraway - Apocalyptica
Hoy, un día como cualquier otro, te levantas de la cama y observas tu Smartphone, actualizas tu perfil de Facebook con las fotos de la noche de fiesta anterior con tus amigos, no fue una gran noche, más bien una bastante mediocre, pero tus fotos no dicen lo mismo. Tras esto estaría bien compartir un par de imágenes que hagan referencia a temas de actualidad, solidaridad con los refugiados, unas palabras por el atentado ocurrido. Cierras los ojos, tienes sueño, descansa una hora más antes de continuar tu jornada. ¡Vaya!, ¿ya es de día?, es la hora de comer y aún no he retocado mi foto de ayer para subirla a Instragram, también debo compartido un par de twits solidarios, lo mejor será ponerse manos a la obra, el tiempo se nos echa encima y aún queda mucho por aparentar.
¿Aún podemos recordar lo que era vivir para nosotros mismos? Esclavos voluntarios de una era donde el yo queda relegado a un tercer plano, miserables dependientes de atención virtual, de palabras vacías, alaridos que reclaman atención en silencio mientras nuestra sonrisa desborda complicidad al ver cómo los "me gusta" de nuestra última actualización superan las cifras estimadas para esta semana. Moral, política e incluso nuestra propia vida vendidas al mejor postor a cambio de una satisfactoria imagen de un "yo" tan ajeno a nosotros mismos, que si por un segundo consiguiéramos abandonar nuestra complaciente posición y mirar en retrospectiva, sentiríamos repugnancia de aquello en lo que nos hemos convertido.
Hobbes habló del hombre como el actor que asume su posición y rol para la supervivencia en el Estado, pero... ¿Qué fue de ese hombre? ¿Eres quien realmente quieres ser o sencillamente eres quien quieres ser para los demás? Somos la más pervertida vejación de la autonomía moral, hemos construido un submundo que en lugar de ayudarnos a crear un yo puro, limpio y del que sentirnos orgullosos, nos hemos pervertido, corrompido y desgastado hasta el olvido de nuestro propio ser... si es que algún día lo tuvimos. Miramos al mundo con unos ojos temblorosos, nos escondemos tras una pantalla y creamos una imagen, para después y tras una falsa idea de anonimato sacar nuestros más oscuros deseos en un peligroso mundo llamado Internet.
Tenemos ante nosotros la herramienta más poderosa jamás creada por el hombre e inconscientes de nosotros mismos, la hemos convertido en una insaciable necesidad de autosustento y aprobación colectiva. Atrofiamos no solo nuestra propia mente a través de una inteligencia generalizada y multitudinaria, sino también nuestra propia moralidad sumiéndonos en un falso "yo" que se autocomplace con una pseudosolidaridad. Es la era de la información, el pueblo posee un poder mayor del que ha poseído en toda su historia, ¡el poder de la ideas, el poder de cambiar las cosas, el poder de hacerse escuchar, de acallar las mentiras, de reivindicar que hoy estamos aquí, que existimos, que esta es nuestra vida y que queremos un mundo mejor! Y sin embargo... nos hemos convertido en esclavos de una imagen que nosotros mismos hemos creado.
"Todos ven lo que tú aparentas, pocos advierten lo que eres" - Nicolás Maquiavelo
Hoy mis palabras son palabras de decepción, decepción al ver cómo el mundo gira y tan solo miramos impasibles desde nuestra privilegiada posición de observadores, del falso compromiso social que desbordamos todos y cada uno, de la ausencia de acciones reales, de manifestaciones vacías, de cabezas que se agachan ante la injusticia y se alzan ante su pantalla, hoy mis palabras son palabras de decepción, decepción ante una raza que se creía superior y día a día demuestra que la superioridad no se mide por el tamaño de nuestro cerebro, sino por nuestra capacidad de crear un mundo mejor para todos, algo que hoy por hoy, no hemos conseguido hacer.
Hoy caminas sobre el filo de mi mente, pero ten cuidado, te puedes cortar.
César Velázquez.

No hay comentarios:
Publicar un comentario